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Anna Rossell
Domingo, 19 de febrero de 2017
El Diario de Helga. Testimonio de una niña en un campo de concentración

LA IMPORTANCIA DEL TESTIMONIO

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Noticia clasificada en: Crítica literaria Narrativa

En situaciones de extrema necesidad, cuando la vida cotidiana es sólo angustia y dolor y la seguridad de una muerte próxima se instala en nuestra conciencia, la literatura se nos revela como una tabla de salvación, o al menos como un consuelo, que no es poco.

Son muchos los testimonios que nos han llegado de literatura concentracionaria en los que la relación con lo literario ha tenido un efecto redentor en cualquiera de sus manifestaciones: sea a través de la lectura, de la memorización o recitación de citas o poemas confortantes, o de la escritura. Los verdugos lo saben. De ahí la prohibición de libros en Auschwitz, que obedecía al plan deshumanizador del nacionalsocialismo, la degradación de sus prisioneros hasta su más vejatoria aniquilación. Por ello, porque la literatura humaniza y redime, relacionarse con ella constituye un acto de resistencia.

 

Pero, más allá de este efecto salvífico personal, cuando el acto literario de resistencia se concreta en la escritura, el valor añadido —fundamental— es el documento que permanece, el relato histórico desde la inmediatez, vivido en primera persona.

 

Éste es el caso de los textos que nos han llegado de aquellos prisioneros que, burlando la prohibición, consiguieron plasmar los pormenores de la vida de los reclusos desde dentro; un testimonio impagable. Y es el caso de este diario.

 

 

Helga Weiss, que milagrosamente logró sobrevivir al terror nazi —de los quince mil niños que llegaron a Terezín y fueron enviados a Auschwitz, sólo cien sobrevivieron al Holocausto—, nos deja en este diario su inestimable legado.

 

Nacida en Praga en 1929 en el seno de una familia judía, vivió con ocho años la invasión nazi de su ciudad y a partir de entonces el consiguiente calvario que la llevó a ella con su familia por las estaciones del horror. El diario de Helga arranca con la movilización en 1938 y la ocupación alemana en 1939 y nos va revelando las consecuencias de ésta en el día a día de tantos judíos, desde las primeras prohibiciones hasta el infierno de los campos de exterminio, liberados por los Aliados en 1945. 

 

Deportada en 1941 a Terezín (de nombre alemán Theresienstadt), a sesenta kilómetros al norte de Praga, la ciudad fortificada ejerció de antesala de Auschwitz para muchos judíos.

 

 

El diario permite al lector acompañar a la niña, y con el paso de los años a la joven mujer en que se va convirtiendo la narradora, en sus inquietudes, sus temores, su sufrimiento, pero también en sus alegrías, en las amistades cómplices, asistir en suma a su maduración como persona. Las estaciones del recorrido que haremos de la mano de la protagonista son Praga, Terezín, los campos de Auschwitz, Freiberg y Mauthausen y, tras la liberación y el fin de la guerra, de nuevo Praga, adonde Helga regresó con quince años.

 

Desolado: Lavadero en el campo de concentración

 

 

Así pues este libro, como toda la literatura testimonial honrada, veraz y bien escrita, constituye para el lector sensible un privilegio, en tanto que le permite ver y sentir desde dentro, a través de los ojos de quien vivió en carne propia este aciago período de la Historia del siglo XX. Las características propias de un diario de una niña –la narración en primera persona, la inmediatez de los hechos narrados, la inocencia inherente a la edad- confieren al texto la cualidad adicional de adecuarse como lectura escolar introductoria a los totalitarismos en general y al Holocausto en particular. La empatía adolescente está asegurada, sin que lo escabroso adquiera protagonismo. Al contrario, sin faltar en ningún momento a la verdad y llamando a cada cosa por su nombre, la voz narradora no se deleita en lo truculento y atroz, lo cual añade cualidad literaria al texto.

 

 

El diario fue escrito originalmente en checo, la lengua materna de Helga, en cuadernos y hojas sueltas que la autora conservó y que no dató en su momento. Antes de su deportación a Auschwitz, en octubre de 1944, Weiss confió los cuadernos a su tío Josef Polák, quien los emparedó para mantenerlos a salvo, tal como nos cuenta la propia Weiss en el prólogo, escrito en 2012. No fue hasta fecha muy reciente cuando la autora releyó su diario para editarlo en forma de libro, que vio la luz por primera vez en 2013. Su trabajo de revisión consistió fundamentalmente en uniformizar el estilo (que en la relectura le pareció en ocasiones naif y redundante) y en ordenar cronológicamente las notas y fecharlas en la medida que pudo situar temporalmente los hechos.

 

 

El libro va acompañado de un glosario de los términos alemanes usados por los nazis en los campos (e integrados en el diario) con su correspondiente aclaración, así como de numerosos dibujos en color, de la propia autora, ilustrativos de la vida cotidiana en Terezín, y de una buena colección de fotografías de los cuadernos originales, notas diversas, escenas familiares e históricas, relacionadas con los hechos narrados.

 

 

Una lectura muy aconsejable.  


 

 

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