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Valdemar Ramírez Loaeza
Sábado, 18 de febrero de 2017
la actualización de un héroe mitológico

EN BUSCA DE UN SUPERHÉROE NACIONAL

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Noticia clasificada en: Cómic

Muchos jóvenes y más de un adulto piensan que si consiguen crear un superhéroe mexicano, habrán realizado un trabajo original y perdurable. Pero, ¿es posible crear un superhéroe mexicano? y, ¿es necesario?

Comencemos por acotar que no es posible tener una definición exacta de este tipo de personaje (hablamos de ello en otro texto de esta revista), pero básicamente se trata de la actualización de un héroe mitológico. Los cómics de superhéroes han tenido tal éxito, que mucha gente relaciona inmediatamente el término “cómic” con el concepto de “superhéroe”. ¿En dónde reside su encanto? En la necesidad inherente a todo grupo humano de escuchar actos heroicos donde ver reflejados los propios ideales. Es, posibloemente, la misma razón por la que tuvieron éxito los poemas homéricos, los cantares de gesta medievales y, mucho más recientemente, los corridos.

 

Personajes como Spiderman o Supermán tuvieron una respuesta inmediata por parte del público mexicano, y a partir de ahí, surgieron propuestas “nacionales” que no cayeron exactamente en la misma clasificación. Tomemos como ejemplo sólo dos revistas: Kalimán y Santo. Preguntémonos hasta qué grado tienen semejanzas con los superhéroes modelo, que serían la mayoría de los personajes de DC Comics y de Marvel Comics.

 

Kalimán

 

Este proyecto de Modesto Vásquez y Cutberto Navarro se desarrolla en un contexto donde se utilizan las filosofías orientales, aunque con muchas imprecisiones. Por ejemplo: en una de las series, Ramar, el kalienemigo, adora a Vishnú en forma de perro con tres cabezas y busca venganza, mientras que en el hinduismo, Vishnú (el conservador), forma parte de la trinidad sagrada (llamémose así a falta de una mejor traducción), en combinación con Brahma (el creador) y Siva (el destructor-renovador). De hecho, literaria y gráficamente, la revista Garab yidam, el lama, era superior, pero Kalimán contaba ya con un público muy fiel. Como nos dice el número especial sobre sus orígenes, nació en algún lugar de Oriente, pero tiene piel clara, barba partida y ojos azules. Todo lo logra por medio de su control mental, gracias a su disciplina con diferentes maestros, lo cual contrasta con el hecho de que la mayoría de los superhéroes estadounidenses lo son por accidente. Hay dos cosas que me llaman la atención: 1) a Supermán lo mataron, lo resucitaron y lo casaron muy recientemente, pero si sus realizadores le hubieran hecho todo lo que le hicieron a Kalimán durante años (capítulos cuya mitad era resumen del anterior, escenas con King-Kong, negligencias respecto de la información) apuesto mi colección personal a que el Hombre de Acero no habría conservado a su público; b) un buen reto es dibujar a Kalimán sin que se vea ridículo o afeminado.

 

Santo

 

EN BUSCA DE UN SUPERHÉROE NACIONAL

 

Asunto curioso: es un luchador que se convirtió en héroe de historieta y a cuyo alrededor el cine tejió una serie de mitos (es decir, relatos); por ejemplo, en Santo contra las mujeres vampiro, se nos dice que ha habido varias generaciones de Santo combatiendo las fuerzas demoniacas. Esto difiere bastante de las explicaciones extraterrestres o de accidentes científicos, la base de los superhéroes estadounidenses, a excepción de El Fantasma que Camina, según la docta acotación de Diego Mejía. Se trata de un destino superior que nunca nos es explicado del todo. No hay rayos ni músculos inexistentes ni identidad secreta, aunque sí una pistola-lanzallamas. De hecho, el cine del Santo es visto en Europa como surrealista, y en éste podemos apreciar una rara mezcla de leyenda con narración policiaca o, si se prefiere, de lo irracional con lo racional. En cómic ha tenido por lo menos tres épocas, la última de ellas ya con el hijo del Santo, y ha contado con el dibujante más rápido de México, el señor Alberto Ventura. Debo decir que también Blue Demon y el Perro Aguayo tuvieron su revista. En la primera colaboró uno de los mejores dibujantes vivos, tal vez el mejor, de historieta “comercial”: Rafael Gallur. Algo que me gusta mucho: las peleas de Santo son casi siempre en el cuadrilátero, y si son en la calle, nunca dejan edificios derrumbados ni boquetes en el pavimento, un cliché parodiado con gran tino en la serie televisiva The powerpuff Girls.

 

El tema es muy amplio y no hay espacio para profundizar como quisiéramos. Baste decir que en México contamos, en primer lugar, con una imaginación única. Ahora lo feo: ¿qué tal si el argumentista de Kalimán realmente se hubiera documentado sobre las literaturas, las religiones, las culturas de Oriente? ¿Qué tal si, hace cuarenta años, cuando aún no había crisis y un dibujante cambiaba de auto cada año, se hubiera apostado en serio, en cuanto a formato, a revistas con un público fiel? ¿Qué tal si los editores actuales de historieta en México se quitaran esa idea de que el público no merece argumentos inteligentes? ¿Qué tal si en vez de tomar escenarios, poses y gestos estadounidenses, como si fueran aplicables a nuestro contexto, los dibujantes leyeran libros sobre México para descubrir la magia y la riqueza que tiene nuestra cultura?

 


 

 

 

 

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