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Juan José Fermín Pérez
Domingo, 12 de febrero de 2017
Publicidad en el siglo XIX

Su tabaco, gracias

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En nuestro último artículo descubríamos que los cigarrillos se usaban con fines medicinales en el siglo XIX. Nuestros tatarabuelos  eran todos del mismo Bilbao, dices tú de mili, y no se dejaban asustar por un simple cigarrillo

Su tabaco, gracias

 

Como se aprecia en la imagen de cabecera, les parecía correcto que un niño disfrazado de marinero –y mirada ligeramente psicótica– se metiera un puro de un palmo entre pulmón y pulmón.

 

Estampa de cajetilla de tabaco. Fecha desconocida, entre 1890 y 1920

 

En América precolombina, el tabaco se fumaba, se bebía en infusión o se aplicaba como cataplasma. Rodrigo de Jerez, uno de los compañeros de viaje de Colón, le cogió gusto a eso de fumar, y volvió a España con el vicio a cuestas. La Inquisición le buscó las cosquillas, porque no entendía que un hombre pudiera echar humo por la boca sin ser un demonio. Aclaradas las cosas, se empezaron a plantar semillas de tabaco a finales del siglo XVI, por orden de Felipe II. Se cuenta que los primeros cultivos estaban en una zona de Toledo conocida como los Cigarrales, por estar plagado de cigarras. Cigarras, cigarros, ya sabéis por dónde andan los tiros.

 

Su tabaco, gracias

 

En una publicación llamada El Censor, de 1781, el autor se quejaba de los “señores (y señoras, que también las hay)” a los que define como “tabacosos”, por “cuanto es insufrible su aliento, ni puede llevarse en paciencia su ronquido y continuos resoplidos, particularmente cuando comen, y sus bocas por lo regular hieden, sus dientes están podridos y llenos de sarro y porquería”. Sin embargo, ese autor anónimo tuvo el mismo eco que un mitin de UPyD (ninguno en absoluto). El vicio de fumar estaba tan consolidado que, cuando alguien advertía de los peligros, se redactan editoriales tan encendidos como éste, del Diario de Orihuela, publicado el 16 de Diciembre de 1890:

 

Su tabaco, gracias

 

En la revista La Ilustración, del 1 de Noviembre de 1885, comentan (y, como en el caso anterior, ponemos directamente una captura de pantalla del texto, para que quede claro que no me estoy inventando una sola coma):

 

Su tabaco, gracias

 

No es un texto humorístico, palabra. En esos años, gente muy seria afirmaba que fumar era inocuo si se combinaba con alcohol.

 

Un tercer ejemplo, para completar el cuadro. Procede del periódico La Justicia, de 10 de Febrero de 1897. El redactor recomienda “el uso tabaco a los que viajan mucho, a los que poseen un apetito muy vivo y hagan pronto las digestiones y a los que se dediquen a trabajos corporales y de imaginación sobre todo.” Además, afirma que “El humo del tabaco esparcido en una habitación, lejos de ser perjudicial, es beneficioso, pues resulta un antiséptico notable y buen microbicida por los ácidos sulfúrico, fosfórico, nítrico, clorhídrico, acético, cítrico, málico, úlmico y oxálico que contiene

 

Su tabaco, gracias

 

El paisaje está claro: en la sociedad de finales del siglo XIX, el tabaco tiene muy buena prensa, y no se suele escuchar a los dos o tres parias que advierten de sus peligros. Por eso era habitual encontrarse anuncios como el siguiente, publicado en la revista La Ilustración Española y Americana, el 21 de Noviembre de 1898:

 

Su tabaco, gracias

 

Parece un chiste: si trata usted el asma con cigarrillos, señor boticario, no me cuente qué usa para aliviar las almorranas. Pero no, nada de bromas. En una época anterior al Ventolín y el Frenadol, cualquier remedio es bienvenido, por extravagante que se nos antoje. Nosotros mismos utilizamos medicamentos bastante discutibles, que suelen tener una lista de efectos secundarios tan largos como el último libro de Ken Follet. En cualquier caso, los cigarrillos medicinales se estuvieron anunciando constantemente en la prensa durante sesenta años, desde la década de 1870 hasta la de 1930, lo que sugiere que eran eficaces. Una de las marcas más celebres era la del doctor Andreu.  El doctor Salvador Andreu fue un farmacéutico barcelonés, nacido en 1841. Sus remedios para las enfermedades respiratorias se hicieron tan célebres como los discos de Alejandro Sanz, y se podían encontrar en toda España y parte de Sudamérica. Uno de sus anuncios, publicado en el diario La Correspondencia Militar, de 29 de Diciembre de 1899:

 

Anuncio en un calendario de 1925

 

El secreto del doctor Andreu era el estramonio, una planta con propiedades psicoactivas. La usaban los antiguos griegos para ponerse a tono en sus bacanales, y la fumaban los chamanes americanos mezclada con tabaco para entrar en trance. También provoca un efecto relajante sobre los músculos, lo que explica su éxito para tratar el asma. Sea en forma de cigarrillos o la de papeles azoados (tiras impregnadas a las que se prendía fuego. El enfermo debía inhalar el humo), el estramonio ayuda a descomprimir los pulmones. También puede matar con bastante facilidad, si se excede la dosis recomendada, esa era la pega.

 

Revista El Genio médico-quirúrgico, de 22 de Julio de 1880

 

Otras marcas de cigarrillos terapéuticos usaban belladona (otra planta alucinógena, que puede ayudar a controlar los espasmos musculares en dosis bajas) o cannabis:

 

[Img #8135]

Del uso terapéutico de las drogas hablaremos en el siguiente artículo.

 

Estampa publicitaria, entre 1860 y 1880

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