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Ignacio Fernández Candela
Domingo, 12 de febrero de 2017
información sensible

Pujol pierde fuelle chantajista

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Sorpresivamente el jueves 2 de febrero los medios de comunicación anunciaban la redada, por parte de la Guardia Civil, en una segunda fase de la operación Petrum, contra la corrupción en Cataluña. Esta fase denominada "Pika" ha consistido en una detención de miembros importantes de Convergencia.

Realmente inédita una operación policial contra quienes han llevado muy lejos el cuento separatista procurando imponer el juicio de una minoría vulnerando la ley, la justicia y el orden constitucional que si de algo sirve —después de que quien más o quien menos se haya pasado por el forro sus flexibles artículos— son para momentos determinantes como estos arrestos siguiendo una pauta jurídica inapelable. En buena hora. El juicio contra Mas había que tomarlo con impulso y una declaración de intenciones con los que se sientan en el banquillo de los imputados.

 

Unas cuantas décadas en la demora para ejecutar detenciones por las famosas mordidas del tres y el siete por ciento con las  que se han enriquecido ilícitamente gran cantidad de políticos secesionistas. Pero llegó el momento después de que se haya roto la baraja del juego sucio que estaba pringando al Gobierno  con sospechas de favoritismos a cambio de no se sabe qué silencios. Pujol contenía las aguas bravas de la Justicia conminando al Estado español para que continuara la impunidad, so pena de verter informaciones gravosas que podían revertir el pacifismo democrático con el que hemos procurado convivir cuarenta años. Aberrante chantaje. Papel mojado debe de tener entre las manos el mayor mafioso de la estafa catalana, ahora que se ha dado un paso decisivo para dejar en evidencia el carácter delictivo de quienes aspiran a imponer una independencia que ni la mayoría de los catalanes desea.

 

Algo ha cambiado para que el chantaje de Pujol contra la democracia española ya no surta efecto. A partir de ahora se deduce que se acabó la pasividad del ejecutivo  ante el delictivo embate del secesionismo que solo pretende, con excusas rocambolescas de autodeterminación, quedar impune de la corrupción ejercida durante décadas. Esto no puede quedar solo en una demostración de la fuerza del Estado de Derecho para protegernos de los enemigos de nuestra conjunta coexistencia.

 

Si Pujol amenazó cuando se vio acorralado, debe de poseer motivos para haberse procurado la impunidad de sus numerosos delitos. De él, de su familia, y de los elementos políticos como Mas que le han bailado el agua con pocos escrúpulos. Sea cual sea esa información sensible esgrimida a modo de ariete, deberíamos priorizar y comprender que el riesgo está en la intención contra Cataluña y no en el pasado transcurrido de España.

 

Sería mejor ignorar los tejemanejes corruptos que han proliferado durante la Transición y el devenir en aparente libertad de los españoles. No solo nos sorprenderíamos de la burda estrategia institucional que acrecentó la corruptela sin dejar espacio sano en el que confiar. Si algo hemos descubierto estos últimos tiempos es que España ha sido dirigida por las torpes garras de la codicia generalizada, sometida a la ignorancia consentida con la que hemos estado desinformados. No solo llamaría a sorpresa la burda concepción institucional que nos ha llevado a trompicones hasta el día de hoy, sino que nos indignaría sobremanera saber en manos de quién hemos estado, reverenciando sus presencias que eran meras sombras de una realidad mucho más perjudicial para nuestros intereses vitales como ciudadanos.

 

Es sintomático que se haya decidido otra fase de la intervención policial contra la herencia pujolista de Cataluña a la vez que han aparecido informaciones, de índole secreta, implicando al Rey emérito, Juan Carlos I en numerosos casos de corrupción, incluidos los provocados por Jordi Pujol mientras fue Presidente de la Generalidad. Lo cierto es que se estaba comprometiendo la seguridad del país por el capricho delicuescente de quien robó a mansalva y está expuesto para recibir tantas imputaciones como excusas fueron promovidas, con afán secesionista, en busca de una impunidad que debería estar debilitada con la suma de estas detenciones.

 

 Porque habrá de seguir volcando las pesquisas en los verdaderos responsables del pufo catalanista que ha saqueado a manos llenas a los catalanes y a la España de la que forma parte. Sin chantaje no habría llegado tan lejos la mamarrachada independentista, con argumentos tan hilarantes como indignantes por parte de los teóricos que encontraban el camino llano y el horizonte despejado para explayarse con entelequias y absurdos hasta la preconización-últimamente es así- de la violencia.

 

Con los temores disipados los primeros arrestos no deben  ser solo un aviso para navegantes, sino una contundente respuesta del aparato constitucional y democrático que sabe defenderse de las amenazas internas promovidas por vulgares delincuentes Sucesivos gobiernos han sucumbido a la presión de informaciones delicadas que permitían una vía libre, con obstáculos mínimos, hacia un frente de independencia que ha buscado una desintegración y disensiones inadmisibles para un país serio y consciente del valor de su defensa.

 

En el horizonte una intervención de la autonomía por la aplicación del artículo 155 de una Constitución vulnerada repetidamente por el mismo Gobierno que posee la responsabilidad de finiquitar un problema enquistado. De no haberse hecho concesiones a estos simples malversadores de caudal público que pretenden esquivar la acción de la Justicia y el imperio de la Ley por delitos comunes, habrían sido  juzgados mucho antes aquí y en cualquier lugar del mundo civilizado. Sin zarandajas de autodeterminación como excusa para aspirar a la impunidad.

 

Estas batidas policiales deberían ser el prolegómeno de numerosas actuaciones hasta alcanzar a los cabecillas  que pasan por ser los más honorables del entramado de corrupción. 

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