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Jesús Fonseca Rodríguez
Domingo, 5 de febrero de 2017
Acusaciones y calificaciones de tiranía se han escuchado por todos lados

Trump: el villano favorito

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Estaba claro que, una vez habiendo asumido Trump como Presidente, el establishment que ha dominado el gobierno de E.E.U.U. durante al menos los últimos 30 años, se haría sentir.

Los medios de comunicación como The New York Times, Wall Street Journal, The Washington Post, CNN, NBC News, ABC, etc., y por supuesto Hollywood –voces del poder establecido– desde su postura de izquierda, derrotada en las últimas elecciones, habrían de jugar un papel que buscaría ser determinante en la opinión pública sobre la presidencia de Donald J. Trump.

 

Acusaciones y calificaciones de tiranía se han escuchado –y escuchan– por todos lados, inclusive desde antes de ejercer el poder. Curiosamente, celebridades de televisión y cine, son quienes vociferan recurrentemente en torno a esos ataques. Escuchamos, por ejemplo, a Chelsea Handler, famosa conductora de un Talk Show, decir previo a la Women's March, en el Hollywood Reporter: "Enseñemos a nuestro predador en jefe, una lección de que no puede hacer lo que quiera, y que no puede pisotear lo derechos de 162 millones de mujeres y niñas de América". Inverosímilmente, a un grupo de jóvenes mujeres Pro-vida, no le fue permitido participar en dicha marcha porque "sus valores no se ajustaban a la visión feminista" organizadora. Por otro lado, la señora Madonna, en dicha marcha, incitó a "volar la Casa Blanca", aunque reculó al día siguiente aduciendo que ella estaba en contra de la violencia, pero a favor de una "revolución de amor".

 

Haber ganado legítima y democráticamente, bajo el sistema electoral norteamericano, no parece ser suficiente motivo para respetar al 45º Presidente de esa nación. Estar del otro lado de la guerra silenciosa resulta ser, precisamente, el motivo para evidenciar la disputa.

 

Tener a la mayoría del pueblo estadounidense viviendo en una burbuja de irrealidad, como una sociedad ignorante, inculta, drogada, decadente y adoctrinada, es la mejor arma de esa izquierda, para enfrentar a la reacción de una derecha anti-establishment.

 

Esa izquierda que abraza causas, en apariencia plausibles, como la defensa de los derechos de la minorías, o de las mujeres, o del cambio climático, ha ejercido el poder no sólo en Estados Unidos, sino en el resto del mundo, a través de organismos como la ONU, OMC, FMI, BM, UNICEF, un sin fin de  ONG's o directamente con los gobiernos. La agenda en favor de temas determinadamente anti  cristianos/católicos, como el aborto, hoy el gobierno de Trump, parece estar dispuesto a combatir. Por ello, en su primer día como presidente, una de sus primeras disposiciones fue la cancelación de todo tipo de apoyos federales a aquellos organismos que defienden y/o promueven el aborto como la base de la Planificación Familiar.

 

No es un asunto menor, por ejemplo, que desde los años 80, en México, por decreto –secreto– gubernamental, miles de mujeres hayan sido operadas, "ligándolas" sin su consentimiento, revirtiendo su fertilidad. Tampoco lo es que la ONU condicione las ayudas "humanitarias" e incentivos económicos, a los países africanos, a seguir invariablemente la agenda de la "Planned Parenthood". Curioso al menos resulta ese olor a la eugenesia nazi, cada que se ubica un atisbo de las políticas de Planificación Familiar basadas en el aborto, promovidas con toda su fuerza por la izquierda y/o el establishment americano y mundial, y su aplicación en los países llamados tercermundistas.

 

Esta última semana, de este lado del mundo, el tema del Muro en la frontera entre México y E.E.U.U. –tópico por demás recurrente en la campaña del Sr. Trump– fue "La" noticia en ambos países. Mientras estaban reunidos representantes de ambos gobiernos en Washington, para organizar la agenda de una supuesta visita del Presidente de México al vecino del norte este próximo martes, Donald Trump, con una falta de pericia diplomática voluntaria o involuntaria, dijo textualmente vía Twitter que si México no estaba dispuesto a pagar por el Muro, una entrevista con su homólogo mexicano no tenía ningún sentido. Tres horas después, Enrique Peña Nieto, anunció en la misma red social la cancelación de la programada visita. Y la voces se soltaron por todos lados: "falta de respeto", "ofensa a la dignidad", etc. Políticos de todos colores, expresidentes, líderes empresariales, y por supuesto, la mayoría del pueblo mexicano, se unieron históricamente en una misma voz de apoyo para el Presidente Peña Nieto, quien mantenía una baja popularidad del 12% de aceptación, después de un aumento del 20% a los precios de la gasolina.

 

Pero más allá de las retóricas populistas de ambos mandatarios, el Muro es un tema menor. Para México, la corrupción y la raquítica administración peñista, parecen tomar una bocanada de aire bajo el manto del "villano" Trump. Obviamente que el sistema (partidos políticos tradicionales, medios de comunicación, sindicatos, instituciones de gobierno, etc.), están volcados en el populismo que genera manifestarse –en palabras, claro– contrario al "enemigo" común. Nadie, con excepción del expresidente Calderón, ni siquiera Carlos Slim, ha puesto sobre la mesa, una propuesta de cómo un país que genera un PIB anual cercano a 1 billón de euros, con una avance significativo en la democracia, con una perspectiva de crecimiento que lo llevará a ser la 8va. potencia en las próximas décadas, puede tomar decisiones a partir de sí mismo, ejerciendo su soberanía, pero sobretodo, enarbolando su grandeza milenaria. Para Estados Unidos, el tema es un arma más para el golpeteo del establishment, señalando nuevamente al Sr. Trump, con todos los calificativos peyorativos posibles, como si sólo con palabrerías se pudiera lograr algo – ya se vió en las elecciones pasadas que pese a que todos los medios de comunicación volcaron su apoyo a Hillary Clinton, ésta perdió las elecciones .

 

Muchos otros, alrededor del mundo, han elegido al actual presidente del país más poderoso del orbe, como su villano favorito. Pareciera que se olvida que el mundo dividido, temeroso, hambriento, en guerra, con terrorismo, con desigualdad social y económica, y muy desesperanzado, es legado de Obama, de Clinton, de Bush, del poder establecido. El mundo parece ignorar que la agenda que se ha seguido en las últimas décadas ha sido determinada para que sólo una élite pueda gozar de las políticas económicas y sociales impuestas a la mayoría de personas del planeta. El mundo, perdido en temáticas, movimientos y valores inocuos, parece no percatarse de la guerra silenciosa que hace años se ha declarado para socavar la voluntad ajena al poder, destruyendo, de una manera u otra, al que aún hasta ahora sigue siendo el núcleo de toda sociedad de bien: la familia. La izquierda defensora igualmente –dependiendo de la conveniencia de retóricas o posturas populistas– tanto de capitalismo, comunismo, socialismo y "demás ismos", el poder establecido en el mundo y sus extremas acciones contrarias a los valores católicos/cristianos, han despertado finalmente a otros luchadores radicales. Pareciera entonces, que la guerra en la que se está volcando el Presidente Trump, no sólo es financiera, política y de información, sino esencialmente ideológica. Y mientras unos lo han convertido en su villano favorito, otros ven en él, la oposición que no había tenido la izquierda del establishment en las últimas décadas. 

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