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Martha Leticia Martínez de León
Jueves, 26 de enero de 2017
el cuerpo es el templo de Dios, y el falo donde se encuentra la vida

Dios y los Dioses

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Dentro de las grandes religiones, el Hinduismo con su gran panteón de dioses y siendo la más antigua, nos enseña a través de la Trimurti, esta necesidad del Monoteísmo de mostrarnos que de nada sirve adorar a los dioses para conservar un destino si se descuida al hermano, y/ o al yo.

A lo largo de la historia del ser humano se ha observado su necesidad de creer en un ser superior, al que ha llamado a través de diversos nombres, pero que se resume en una palabra “Dios”, este vocablo pronunciado y escrito de diversas maneras a partir especialmente de la gran variedad de idiomas también remarca la diversidad de necesidades que cada pueblo y  cada persona tenían o tienen.

 

Los dioses antiguos del politeísmo personifican las emociones, sensaciones y a los seres de la naturaleza, cada uno de estos dioses simbolizaban los sentidos, los  miedos, anhelos, representaban la muerte, el amor, la música, el Silencio, y también nos muestra a un ser humano ausente de responsabilidades ante sus actos los cuales dejaba a la voluntad y decisiones de oráculos y del destino.

 

El Hombre politeísta tenía por entendido que por más que quisiera cambiar su destino esto no podría ser ya que los dioses habían determinado un camino para él, por ello la esperanza estaba dentro de la Caja de Pandora, como uno de los grandes males del mundo, porque la “esperanza” desde el sentir politeísta era dolorosa, al dejar al ser humano escaso de sueños, de mejoras, a demás de remarcarle su poco poder frente a los grandes dioses,  provocando que el Hombre visualizará tanto al mundo celeste como al inframundo como un grado de mejor estancia,  donde quizá los dioses que ahí habitaban les darían un destino distinto, por ello la preocupación principal era tener contentos a esos dioses, ofrendarlos y estar dispuestos a cumplir sus caprichos, ya que si esto no era así, los dioses - diosas llenaban de trampas al ser humano, engañándolo y haciéndolo sufrir.

 

De cierta manera el ser humano politeísta dejaba de verse a sí mismo y al otro para dedicarse a satisfacer caprichos de deidades, y caminaba comprendiendo que su destino no tendría otro sentido más que el marcado y dictado por los oráculos.

 

AkenatónDentro de este ambiente el Hombre no era libre, todos sus actos y decisiones tenían relación con algo que afectaría su futuro y marcaría su destino. Este pensamiento provocaba  no estar al pendiente del otro,  no contemplarlo como un hermano, como alguien con quien se comparte el universo, el cual era y pertenecía a los dioses, por ello se preocupaban tanto en la vida después de la vida, ese era su sentido de la existencia, como lo deja ver claramente el Imperio egipcio. Pero, dentro de este Imperio surgió entre el 1353-1336 a.C., Neferjeperura Amenhotep, a quien se le llama Akenatón, décimo faraón de la dinastía XVIII, del nombrado Imperio Nuevo, este faraón cambió no sólo su nombre a Neferjeperura Ajenatón, sino que eliminó el panteón egipcio creando el Monoteísmo y la adoración al único dios Atón, deidad solar, quien no representaba al sol, sino a éste en el momento en el cual se encontraba en todo su esplendor en el firmamento alimentando a la tierra, por ello  Atón era visto como un Dios de misericordia, preocupado por la bondad y la justicia, este dios amaba a todos los Hombres, no los veía como instrumentos de trabajo ante sus caprichos, a diferencia de Amón, dios de todos los dioses quien no concebía al Hombre como parte de sí, a diferencia Atón amaba al ser humano.

 

Esta visión Monoteísta enfadó de gran manera a los sacerdotes, quienes en base a esto perdían riquezas, obediencia y percibían que un dios que mostrará amor y justicia ante los Hombres era dañino para el poder, así al morir Akenatón, se retornó al culto politeísta.  Esta visión no sólo la tenían los egipcios sino  el Imperio Sirio, Persa, Sumerio- Babilónico - Mesopotámico, quienes por mucho tiempo dominaron al pueblo hebreo.

 

Es este pueblo quien retoma el Monoteísmo marcado en Atón, este pueblo no necesita muchos dioses ni que le digan lo que tiene que hacer, necesita un Dios que lo ayude a conocerse a sí mismo. Para este pueblo la esperanza se encuentra en este Dios que ama al Hombre y que en su justicia le otorga la libertad de decidir, ahí entra el libre albedrío pero al mismo tiempo la caída, la cual tiene como base ética hacer comprender al ser humano que su existencia le corresponde a él y no a los dioses, y  ello conlleva la responsabilidad de sí mismo y la del otro, que su toma de decisión y de voluntad podrá ser para bien pero también podrá hacer daño, pero, sobre todo le remarca el amor de Dios quien ya no toma la vida de su creación en sus manos sino la deja y entrega al Hombre para que sea él quien construya su sendero, ya no su destino.

 

Para el pueblo hebreo, tener un solo Dios significa  reflexionar sobre cada uno de sus actos porque cada decisión afectará no sólo a sí mismo sino a otro y por ende a todo su pueblo.

 

El monoteísmo tiene como base y origen el “amor y la justicia”, no sólo de Dios hacia el Hombre, sino del Hombre hacia sí mismo y hacia su prójimo.

 

Este Dios único que salva a su pueblo, al estudiarse a profundidad deja percibir que salva a un pueblo no porque sea su preferido sino porque adorarlo implica una conversión interior en cada persona, una preocupación no sólo por sí mismo, sino por cada una de las personas que forman parte del pueblo, de cierta manera, el Dios del pueblo hebreo es un Dios que hace comprender a su pueblo Su existencia en todo, más allá del Templo porque cuando éste es destruido Dios continúa con ellos en el exterior y en el interior de cada uno, por ello la circuncisión, porque el cuerpo es el templo de Dios, y el falo donde se encuentra la vida.

 

El monoteísmo guía a todo el pueblo a percibirse dentro de la creación de Dios que es la naturaleza, pero también a percibir a Dios dentro de su propia creación, es decir, el propio ser humano.

 

Con el paso del tiempo y en base a las enseñanzas de Jesús, el Cristianismo, retoma el amor a un solo Dios, el cual ama y busca la justicia entre los Hombres, de  manera semejante al pueblo hebreo, el pueblo cristiano comprende que Dios esta en todas partes pero al mismo tiempo en su interior, pero lo percibe a partir de una Trinidad, un Dios con tres naturalezas, con tres lenguajes distintos que lo ayudan a profundizar en su interior su propia esencia y la del otro desde:

 

  • El lenguaje de la Justicia y el Amor a través y representado por Dios Padre.
  • Las sensaciones y emociones, a través y representado por Dios Hijo.
  • La razón y la espiritualidad, representado por el Espíritu Santo.

 

Y el pueblo musulmán, quien hace de Dios la guía y fundamento para dar cada paso en beneficio de su espiritualidad y por ende de su y la humanidad.

 

Es así como cada rezo individual o cada ceremonia realizada en Sinagogas, Iglesias o Mezquitas, nos describe esta enseñanza del Monoteísmo, donde Dios nos hace internarnos en los que somos pero también nos lleva a internarnos en lo que son los demás. Rezar a un solo Dios en una celebración es celebrar a la humanidad unida con un solo motivo, el cual es el Amor y la búsqueda de Paz interna y a la vez externa, nuevamente percibimos este Misterio de Dios de estar en todas partes y a la vez en uno, es decir, en el interior de toda la humanidad pero a la vez en el corazón personal.

 

Dentro de las grandes religiones, el Hinduismo con su gran panteón de dioses y siendo la más antigua, nos enseña a través de la Trimurti, esta necesidad del Monoteísmo de mostrarnos que de nada sirve adorar a los dioses para conservar un destino si se descuida al hermano, y/ o al yo.

 

Como bien lo señala el Budismo, estar despierto, este estado de Buda, o de encontrar a dios, por decirlo así, es encontrarse a uno mismo y al otro en cada acto a través de la responsabilidad otorgada en el libre albedrío, en el amor misericordioso de un Dios justo que no busca su voluntad sino la plenitud de su creación a través de la libertad, por ello, las grandes religiones en su esencia tienen el mismo fin, y  cada una tiene de diversa manera el mismo precepto

          

    “Ama a Dios sobre todas las cosas y al otro como a ti mismo”.

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