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Ignacio Fernández Candela
Jueves, 26 de enero de 2017
el instinto de supervivencia deberá ser superior a la irresponsabilidad de la ignorancia

La próxima Europa contra la globalización

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Noticia clasificada en: Humanidades

El error de la política de inmigración europea ha sido tan desastroso como lo fue Hitler con sus ansias expansionistas frente a la tibieza de Chamberlain y otros confiados mandatarios que permitieron la anexión de Hungría y la posterior invasión de Polonia.

EEUU eligió un plan alternativo y contrario al aberrante proyecto Clinton del que se sabe cada vez más de sus corrupciones y tejemanejes oscuros. Europa no tardará en seguir los pasos para conformar una corriente antagónica que plante cara a la globalidad, cuyos daños puede que sean definitivos a pesar de las rectificaciones y medidas que se pretendan tomar con los últimos cambios de tendencias. Cuando se cometen errores de  calibre universal, las consecuencias acaban imponiéndose.

 

El error de la política de inmigración europea ha sido tan desastroso como lo fue Hitler con sus ansias expansionistas frente a la tibieza de Chamberlain y otros confiados mandatarios que permitieron la anexión de Hungría y la posterior invasión de Polonia.

 

Un buenismo junto a una desidia que desembocaron en el mayor estropicio por estulticia que menos podían permitirse los líderes europeos no pertenecientes a la órbita nacionalsocialista. Un efecto dominó que terminó declarando la guerra a un Hitler crecido y ansioso por humillar a los firmantes victoriosos del Tratado de Versalles con el que culminó la I Guerra Mundial.

 

A este paso y si no se frenan las voluntades globalizadoras, Merkel va a resultar igual de dañina para el pueblo alemán como lo fue el Tercer Reich conflictivo. No solo para Alemania sino también para el resto de los países europeos a los que se pretende imponer una cuota de asilo sobre una inmigración no de refugiados políticos, sino de carácter económico, con preponderancia de la imposición de culturas foráneas frente a las tradiciones occidentales. Un dislate que atenta contra la seguridad vital de Occidente y especialmente contra los ciudadanos europeos que se han convertido en cobayas de una experimentación socio política que ha puesto en juego la propia supervivencia de la Europa desarrollada después de la Segunda Gran Guerra.

 

Probablemente los riesgos sean mucho mayores hoy en día que los contraídos por la guerra fría de los años sesenta, tiempo ha cuando las fronteras estaban delineadas sin injerencias internas. Entonces el mundo podía explosionar bajo la amenaza de los ataques nucleares cuando ahora puede implosionar por atentados en territorios vulnerables junto al continuado proceso radical de una yihad sin fronteras. Armas intimidantes de conversión  a través de una explosión demográfica con índices de natalidad exponenciales de lo foráneo frente a la mengua de los nacimientos autóctonos Un embrión de futuribles conflictos a través de marginaciones consentidas y potenciales depredaciones alimentadas contra el orbe occidental.

 

Gilles KepelEl politólogo francés Gilles Kepel ha advertido del riesgo de que se provoque una guerra civil europea sobre cuyas cenizas se edificaría una nueva sociedad islamizada. Corroborando la tesis de Huttington sobre el choque de civilizaciones, Kepel incide en la intención de una “Generación Yihad”, la tercera, cuyo objetivo sería sembrar el caos desafiando a los europeos y musulmanes. Una siembra de cizaña contra pacíficos ciudadanos a los que intentarían enfrentar mediante la siembra de un odio canalizado a través de una violencia generalizada.

 

El efecto devastador sería impensable para las convivencias pacíficas si los terroristas lograran atentar masivamente y no solo a través de lobos solitarios. La convivencia se enrarecería sin freno. Se está demostrando que fue un error abrir las fronteras debilitando la defensa de los países. Francia está tomada con descaro avasallador. Lo mismo sucede con Alemania. Ergo, millones de ciudadanos lo piensan,  urge una política social defensiva y con carácter perentorio a expensas de una modificación de criterios surgida de las urnas electorales. Habrá que ver las políticas de Trump en acción para saber si es una opción trasladable al resto del mundo amenazado, pero el temor está plantado en el consciente colectivo de Europa.

 

Merkel pasará a la historia como una líder cuya mediocridad y excesiva ligereza puso en riesgo la seguridad  de Europa. Sus políticas obedecen a ciertos complejos que solo pueden entenderse desde una retorcida moral ausente de razonamiento y reflexión, a no ser que obedezcan a planificaciones donde quienes menos importan son los europeos. Políticas migratorias cuyos perjuicios se están experimentando no sin surgir discrepancias que previsiblemente se incrementarán siguiendo la tónica de rebeldía inaugurada por Viktor Orbán, presidente de Hungría.

 

Orbán se ha convertido en adalid europeo contra la cuota de asilo y la intencionalidad de Merkel al pretender que se incremente un problema que ya conlleva difícil solución. Pero sí pueda evitarse que se agrave una situación límite que la canciller no parece reconocer con una huida hacia adelante potencialmente suicida para los alemanes, así como para los ciudadanos europeos que siguen las directrices globalizadoras de quien, seguramente, dejará de presidir el próximo año  la cancillería. Francia, Holanda y la propia Alemania celebran elecciones en el 2017 con la segura manifestación de descontento y temor que inclinarán la búsqueda de un voto a favor de políticas proteccionistas, en la línea inaugurada por el presidente electo de EEUU, Donald Trump.

 

Excluida la tendencia de globalización que capitaneaba Barack Obama, en el 2017 asistiremos a un cambio radical de políticas que serán auspiciadas con celeridad desde la administración norteamericana. Y no será casualidad que los europeos busquen la defensa de sus propios intereses en actitud de supervivencia intentando acotar la deriva destructiva que entraña entregar los países a un proceso de dilución identitaria infame, demagógica y desintegradora.

 

El sentido común escasea por esa especie de servilismo sin carácter que han intentado imponer ocultando los intereses en que se basan estas decisiones de exponer Europa a un plan invasivo social y económico en detrimento de los europeos. Una política de cesiones intolerable donde España muestra su absurda debilidad, sojuzgando a los ciudadanos ante el flujo migratorio apoyado desde una Administración que discrimina a los españoles; los indefensos ante el abuso de los separatismos que con el fin de debilitar la legítima identidad española, acoge masivamente inmigrantes que viven a expensas de la sopa boba del Estado. Un efecto llamada pretextado como caridad que responde a un plan de regresión contra un país indefenso por la tibieza de un Gobierno que ha demostrado no merecer la confianza de sus sufridos electores. La porfía de los radicalismos por destruir la tradición y la indefensión de un país cuyo declive está siendo provocado a propósito, retrasará las reacciones frente a las problemáticas pero tarde o temprano habrá una reacción, tardía pero consistente.

 

Tarde o temprano el instinto de supervivencia deberá ser superior a la irresponsabilidad de la ignorancia. No cabe más estulticia de globalización sin que se adviertan los riesgos de esta disposición autodestructiva. Tocará un cambio de tercio o nos adentraremos en un proceso decadente, histórico;  cuando, a tenor de los riesgos y amenazas la latentes y susceptibles de empeorar, el pesimismo estará lógica e inexorablemente justificado.


 

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