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Pedro Sánchez Jacomet
Viernes, 20 de enero de 2017
fósforos de seguridad

Fuego enlatado

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Suecia es un país frío, ni seco ni húmedo, dos extremos convenientes para la elaboración del producto; posee bosques en explotación sostenible de álamos y robles.

Hace miles de años el hombre lo descubrió y la vida del género Homo cambió drásticamente; las tribus luchaban entre sí para robarlo y custodiarlo hasta su caverna, lo veneraban como hoy lo hacen los más fanáticos de algunas religiones con su Dios cristiano o con su Alá. Al hombre prehistórico le proporcionó calor, permitía asar las carnes de los animales para alimentarse. Algo que no habían visto nunca. Un dios, el que transformaba las cosas. Uno de los cuatro elementos. El fuego. En pleno XXI—la era de las nuevas tecnologías—tenemos dominado el fuego en las cerillas, mejor llamadas fósforos de seguridad: una mercancía muy sostenible, fabricada principalmente en Suecia; la sostenibilidad es porque los mecheros de gasolina o GLP ( Gases Licuados del Petróleo) y los encendedores piezoeléctricos, no están producidos con materias primas que, producidas por la Madre naturaleza, se regeneran y renuevan en la misma con el paso del tiempo; requieren sintetizar plásticos, gastar mucha energía( huella de carbono) en su fabricación y, además, son difícilmente reciclables, no se incorporan al medio ambiente sin contaminar. Por el contrario, la cerilla, fabricada mayoritariamente con madera y cartón, materiales procedentes de los árboles que crecen en los bosques y se regeneran, es decir, siguen creciendo para darnos más madera (cumplen años solo con la luz solar, el dióxido de carbono del aire, y el suelo, húmedo); al acabar su vida útil, pueden echarse al mismo suelo que sirve de sustrato al árbol; bien es cierto que envían una pequeña cantidad de gases de combustión al encenderlas, parte de la cual—el CO2 —, se recicla de forma natural en la fotosíntesis de los nuevos plantones y los hace crecer.

         

Un fósforo de seguridad sueco es una varilla prismática de unos 5,5 centímetros de longitud, sección cuadrada de unos 2,3 milímetros de lado, fabricado en madera—casi siempre de álamo temblón—, acabado en una cabeza pardo rojiza de aproximadamente 4,3 milímetros de diámetro; suele adquirirse en cajas de unas 100 unidades que poseen dos rascadores grandes situados en los lados mayores del paralelepípedo (figura geométrica similar a la forma de la caja que los contiene). Ver figuras I, II y III:

 

Fuego enlatado

 

Fuego enlatado

 

¿Por qué ha perdurado y por qué se fabrican en el citado país nórdico? Las dos preguntas están relacionadas: Suecia es un país frío, ni seco ni húmedo, dos extremos convenientes para la elaboración del producto; posee bosques en explotación sostenible de álamos y robles.

 

Solo se cortan los ejemplares de cien años o más, los técnicos conocen que la madera alcanza la mejor calidad a esa edad y el volumen obtenido de materia prima es el óptimo para conseguir una productividad de fósforos de seguridad adecuada. El segundo factor tiene que ver con la avanzada tecnología industrial sueca en equipos y maquinaria para la fabricación de pólvoras y explosivos desde hace más de ciento cincuenta años: basta recordar al químico Alfred Nobel (1833-1896), descubridor de la dinamita y fundador de la Academia sueca de Las Ciencias, cuyos fondos continúan premiando cada año a los científicos y artistas más destacados.

                   

Los troncos se cortan en el bosque, se transportan en camiones a la planta; en el almacén de la fábrica, las pilas de troncos han de vigilarse y mantenerse húmedos para evitar los hongos y las plagas; se descortezan y se vuelven a cortar a unos sesenta centímetros de largo para mejorar su manejabilidad; se laminan a lo largo de una generatriz cilíndrica para, avanzando hacia el interior del tronco, rendir una pieza plana de unos 2,3 milímetros de espesor que se corta en millones de palitos, base de las futuras cerillas. Se empapan de una solución de monofosfato de sodio (NaH2 PO4) (actuará de extinguidor de la llama) y luego con un baño de parafina, combustible que arderá y prenderá la madera. Los miles de prismas de unos cinco centímetros se colocan de pie como un ejército de delgados soldados blancos, sujetos a unas planchas metálicas, agujereadas bidimensionalmente que, unidas a una cinta transportadora, forman parte de una máquina secadora de más de ciento cincuenta metros de largo, colocada en vertical en la nave de producción. Este ingenio, diseñado a mediados del siglo XIX por un ingeniero sueco, es el corazón de la fábrica. La cabeza rojiza de la cerilla se fabrica con clorato potásico (KCLO3) y un colorante; es un oxidante muy potente, actúa como iniciador de la reacción de combustión; como no conviene que el encendido de las cerillas tenga lugar en cualquier momento por un choque o pisado de su cabeza, el segundo componente de la reacción se separa de la cabeza y se coloca en el rascador lateral. Está formado por sílice en polvo y fósforo rojo encolados (observar la estructura hexagonal de la mezcla en las fotos III y IV).

 

Fuego enlatado

 

                    Cuando queremos que arda la cerilla, rozamos la cabeza roja con el activador del canto, donde se iniciarán las reacciones siguientes:

 

SiO2 (polvo) + Energía mecánica(rozamiento)à Calor

P(Fosforo rojo) + KCLO3 + Calor à P2O5 + Cl2O3 +Cl2O

 

La reacción (2) es la oxidación del fósforo rojo (variedad alotrópica del P con reactividad media y actúa de reductor) por el clorato potásico (actúa de oxidante), tiene lugar solo si se produce calor, generado antes en la (1) por rozamiento. La (2) es una reacción explosiva que da lugar a una llamarada, con liberación de los gases del segundo2 término; se prende la parafina que impregna la cerilla y la propia madera, con la reacción de combustión siguiente:

 

CnH2n+2 (Parafina) + O2 (aire) à CO2 + H2O + Calor.

 

Que se da en presencia de la llama producida en la (2). La parafina y la madera son los combustibles y el oxígeno el comburente.

 

Fuego enlatado

                             


(1)El autor de este artículo se ha inspirado en el documental  ¿Pero como lo hacen? del Canal DMAX,  11 de enero de 2017.

(2) Los gases de combustión de (2) pueden ser distintos, en particular los óxidos de cloro, según las condiciones de la reacción.

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