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Victoria Fabre
Miércoles, 18 de enero de 2017
Carlos Drummond de Andrade

PROCURA DE LA POESÍA

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PROCURA DE LA POESÍA

 

No hagas versos sobre acontecimientos.

No hay creación ni muerte ante la poesía.

Frente a ella la vida es un solo estático,

no calienta ni ilumina.

Las afinidades, los aniversarios, los incidentes personales no cuentan.

No hagas poesía con el cuerpo,

ese excelente, completo y confortable cuerpo, tan enemigo de la efusión lírica.

Tu gota de bilis, tu máscara de gozo o de dolor en lo oscuro son indiferentes.

Ni me reveles tus sentimientos,

que se prevalecen del equívoco y tientan el largo viaje.

Lo que piensas o sientes, eso aún no es poesía.

 

No cantes a tu ciudad, déjala en paz.

El canto no es el movimiento de las máquinas ni el secreto de las  casas.

No es la música oída de paso; rumor del mar en las calles junto a la línea de espuma.

El canto no es la naturaleza

ni los hombres en sociedad.

Para él, lluvia y noche, fatiga y esperanza, nada significan.

La poesía (no extraigas poesía de las cosas)

elude sujeto y objeto.

 

No dramatices, no invoques,

no indagues. No pierdas tiempo en mentir.

No te aborrezcas.

Tu yate de marfil, tu zapato de diamante,

vuestras mazurcas y supersticiones, vuestros esqueletos de familia,

desaparecen en la curva del tiempo, son inservibles.

 

No recompongas

tu sepultada y melancólica infancia.

No osciles entre el espejo y la

memoria en disipación.

Que se disipó, no era poesía.

Que se partió, cristal no era.

 

Penetra sordamente en el reino de las palabras.

Allá están los poemas que esperan ser escritos.

Están paralizados, mas no hay desesperación,

hay calma y frescura en la superficie intacta.

Helos allí solos y mudos, en estado de diccionario.

Convive con tus poemas, antes de escribirlos.

Ten paciencia, si oscuros. Calma, si te provocan.

 

Espera que cada uno se realice y consuma

con su poder de palabra

y su poder de silencio.

No fuerces al poema a desprenderse del limbo.

No recojas en el suelo el poema que se perdió.

No adules al poema. Acéptalo

como él aceptará su forma definitiva y concretada

en el espacio.

 

Acércate y contempla las palabras.

Cada una

tiene mil fases secretas sobre la neutra faz

y te pregunta, sin interés por la respuesta,

pobre o terrible, que le des:

¿Trajiste la llave?

 

Repara:

yermas de melodía y de concepto,

ellas se refugian en la noche, las palabras.

Aún húmedas e impregnadas de sueño

rolan en un río difícil y se transforman en desprecio.

 

(Carlos Drummond de Andrade, Brasil 1902.1987)

Versión de Manuel Graña Etcheverry

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