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José Ramón Ponce
Viernes, 16 de diciembre de 2016
VISUALIZACIÓN Y CEREBRO

Imagen mental y salud

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"No tengo ningún deseo de dejar el dominio de lo psicológico flotando en el aire, sin fundamento orgánico... Dejemos a los biólogos avanzar hasta donde puedan y avancemos nosotros también. Algún día nos encontraremos." - Sigmund Freud

El ser humano no reacciona a la situación en sí misma, sino a la imagen que de ella se tiene, como afirmó Epícteto (55 D.C.-135 D.C.), pensador de la antigüedad: “No son las cosas las que atormentan a los hombres, sino las opiniones que se tiene de ellas”. Este pensamiento se evidencia en la ciencia actual, especialmente en las terapias Cognitivo-conductual, las cuales han demostrado como el meollo de los trastornos como depresión y ansiedad se halla en la idea que posee el individuo sobre su situación, y no en ésta en sí misma; especialmente en las teorías de Aaron Beck, Albert Ellis, Joseph Wolpe, y Donald Meichenbaum, entre otros autores.

 

Pero se agrega que el efecto nocivo de la visualización traumática no se limita al ámbito de la psique sino que se extiende al organismo. Al ser la emoción el plano psíquico del tono de activación de la corteza cerebral, se supone que queda abierto un canal de transmisión de la imagen hacia los diferentes sistemas del cuerpo.

 

En ese proceso es necesario distinguir entre el efecto de la imagen consciente en el momento estresante, el efecto que continua operando mientras permanezca el recuerdo después de rebasada la agresión, y los procesos que quedan operando por sí mismos, sin control consciente, después de salir la imagen de la representación mental. En este último caso es como si el “mecanismo” generador de la emoción y activación cerebral quedara “atascado”.

 

Veamos un ejemplo del efecto de la imagen traumática sobre cuerpo-mente. Ante la situación estresante la persona asume postura defensiva, y por ende se dispara un estado emocional extremo, el cual no es más que aceleración del tono de funcionamiento cortical. Intensamente se tensan músculos, la psique se alerta, y se requiere abundante afluencia de sangre y oxígeno al cerebro y el cuerpo.

 

EL EJE HIPOTÁLAMO-HIPÓFISISEn ese proceso se ha estimulado el sistema límbico, órgano esencial en el proceso afectivo-emocional, y el cual se encuentra conectado al eje hipotálamo-hipofisiario. Dicho eje radica en la parte baja del cerebro, y controla, entre otras funciones, la presión arterial y el funcionamiento respiratorio. Al activarse el hipotálamo se estimula la hipófisis, glándula rectora del sistema endocrino en pleno, incluyendo las demás glándulas de secreción interna. En consecuencia, la postura defensiva supone un grado de activación nerviosa y endocrina que implica el desequilibrio global del cuerpo-mente.

 

Pero por el contrario, si se reacciona a la imagen de la situación y no a ésta concretamente, se supone por lo tanto que rebasado el evento estresante, el efecto nocivo continúa, y en función del grado de intensidad emocional. Un ejemplo que lo explica se observa en aquellas personas con temor a algún insecto, las cuales al percibirlos, aunque sea alejados, les parece que les caminan por encima del cuerpo. Otro ejemplo, la pérdida de un ser querido reaparece en memoria reiteradamente, y en cada ocasión el sufrimiento regresa, a menudo deteriorando más y más.

 

En un tercer escenario se halla el hecho de que la imagen puede ser removida de la consciencia, pero el mecanismo que se puso en marcha no desaparece. Su efecto, aunque por vía no consciente, continúa, queda automático en planos inconscientes de la psique. En ese caso, por muy racional que sea la imagen psíquicamente representada, deja un “subproducto” sugestivo del cual no se tiene control. De ese modo se explican los estados de depresión o ansiedad a los cuales no se halla causa inmediata y clara.

 

Un ejemplo de este mecanismo inconsciente, pero beneficioso a la salud, se halla en el Efecto Placebo. La reducción o remisión de dolores físicos y otros síntomas se logran cuando el paciente queda convencido de la eficacia del medicamento suministrado. Sin embargo, dicho medicamento es realmente inocuo, su efecto parte exclusivamente de la visualización de la imagen de la curación. Dicha imagen se origina en la confianza del paciente hacia el medicamento, y hacia el medico también. Esta se transmite al cuerpo-mente como hecho consumado, produciéndose cambios los cuales única y exclusivamente transitan por canales no conscientes.

 

Estos canales no conscientes se observan también en el proceso demostrado que tiene lugar en pacientes de cáncer. En quienes anida esperanza, optimismo, deseo de vivir, y principalmente decisión de luchar por conjurar la enfermedad, alargan el periodo de vida. Pero por el contrario, quienes se resignan a esperar la muerte, esta les llega con más rapidez.

 

Estudios sobre estos canales no conscientes sobre el cuerpo-mente han sido realizados en torno a Muerte Vudú, por el fisiólogo Walter Cannon, de fines del siglo XIX y principios del XX. Este científico analizó cuidadosamente el fenómeno a través de los tabúes de maoríes de Nueva Zelanda. El llegó a la conclusión de que la fe en la certeza de maleficios provocaba un terror extremo, cuyo desencadenamiento emocional traía la muerte del individuo.

 

El Doctor R.S. Eliot, Profesor del Instituto Cardiovascular del Swedish Medical Center, de Estados Unidos, expuso en un artículo el efecto del estrés en reducción del umbral de fibrilación ventricular y Muerte súbita, lo que en ocasiones ocurre en el Vudú.

 

Dadas estas condiciones es explicable que si el brujo de la tribu declara la muerte de un miembro, este tiene probabilidad de morir. El veredicto de ese líder religioso es recibido en la mente de la víctima como una verdad incuestionable e irrestricta, lo cual implica que el cerebro lo asume como tal y emite cambios consecuentes con la supuesta muerte.

 

Aunque aún quedan más interrogantes que respuestas en torno a estos hechos, pero la vida diaria y la práctica clínica sugieren que la imagen asumida por el paciente influye en el equilibrio del cuerpo-mente a través de canales de sugestión; o sea, vías no conscientes y relativamente incontrolables. En consecuencia, la visualización de óptima salud y bienestar aumentan la probabilidad de un mejor pronóstico de vida saludable.


 

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