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Anna Rossell
Domingo, 11 de diciembre de 2016
holocausto en forma poética

Louise Dupré

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Noticia clasificada en: Artes Poesía

Al cine de ahora le gusta mucho el horror. La poesía es especialmente interesante precisamente porque las imágenes poéticas permiten una gran liberación, no se puede presentar el horror directamente, sería como describir la tortura; por esto encuentro la poesía más interesante que la novela.

La reconocida escritora canadiense Louise Dupré ha estado en Barcelona con motivo de la presentación de su último poemario Plus haut que le flammes, recientemente traducido al catalán por Lídia Anoll y publicado por la editorial Eumo –Més amunt que les flames-. El libro aborda el tema del holocausto en forma poética. La escritora Anna Rossell, jefe de sección de críatica literaria en este semanario, también autora de un poemario sobre la shoá, Auschwitz-Birkenau. La pradera de los abedules, ed. InVerso, 2015, ha realizado la entrevista.

 

El libro está traducido por Silvia Pratt al español en México bajo el título Más alto que las flamas (Mantis Editores, 2015), y ha obtenido el Premio de Poesía Jaime Sabines-Gatien Lapointe 2016

 

Louis Dupré

 

¿Por qué escribir sobre Auschwitz?

 

No sé qué responder… Pero sé que después de mi estancia en Auschwitz tuve la necesidad de hacerlo. Si no hubiera escrito este libro no hubiera podido escribir nunca más. Ya sé que Adorno dijo “Escribir poesía después de Auschwitz es una aberración”, pero, yo sentí que después de la experiencia tenía que escribir sobre ello.

 

¿Piensa, contradiciendo a Adorno, que el lenguaje poético es el mejor para expresar lo que no pueden expresar las palabras?

 

El lenguaje poético es el lenguaje de la emoción, de la impresión, del sentimiento, el lenguaje de todo esto, y en este caso puede que sea el más respetuoso para abordar una cuestión tan dolorosa. El lenguaje poético permite que fluya el dolor, permite que fluya el estupor, a través del ritmo, de la sonoridad, a través de las figuras poéticas, es lo que lo hace especialmente interesante. Creo que algunos novelistas también podrían escribir sobre Auschwitz, pero la poesía es capaz de conectar la cabeza con el corazón, la cabeza y las emociones, y este tema está muy cargado de emociones. Y, si se puede elegir entre la novela y la poesía, me inclino por la poesía, porque permite superar un poco el dolor, si se tiene la voluntad de acercarse a él.

 

No sé si conoce el libro de Ruth Klüger Weiter leben (literalmente Continuer à vivre, en español Seguir viviendo), traducido en francés bajo el título Refus de témoigner. Fue una niña superviviente de Auschwitz. En su libro escribe que abomina de esta cultura de museo de los campos de exterminio… Usted hizo una experiencia muy distinta.

 

Bueno, depende de cada persona. Yo vi cosas horribles allí, gente que se hacía fotografiar delante de las celdas de tortura, no podía creerlo. En este caso, sí comprendo este sentimiento, pero depende del espíritu con que se visite el campo. Claro, se puede visitar como turista, pero no fue mi caso. Creo que es necesario preservar la memoria, conservar los lugares; no se va a cambiar lo que sucedió, pero se permite a otra gente acercarse a la experiencia. Hay gente increíble que va al lugar como si fuera a Disney World.

 

¿Que ha significado para usted escribir sobre este tema?: ¿catarsis? ¿dejar testimonio histórico?

 

Probablemente en primer lugar catarsis, la necesidad de hablar de ello, de abordar el tema, era necesario. Como ya he dicho, si no hubiera escrito el poemario no hubiera podido escribir nada jamás, es la base de toda mi escritura. Pero también he querido dejar testimonio. Y sobre todo plantear la pregunta: ¿en qué mundo vivimos?

 

En su poema la figura de un niño ejerce de leitmotiv. ¿Es un símbolo de esperanza? ¿Es el representante de la generación que ha de heredar su testimonio?

 

Sí, así es. Porque este niño se parece a mí. Hay niños que mueren, que pueden morir en las guerras, en los campos de exterminio, pero hay otros niños que viven, es un triunfo de la vida sobre la muerte; al lado de la muerte está la vida y hay que darle una oportunidad a la vida, no se puede dejar a los niños sin esta esperanza, pero también hay que dejarles la memoria. Es un renacimiento, sin negar lo sucedido, sin negar los horrores. La escritura es entonces un vehículo de esperanza, para un devenir posible, para comprender.

 

Comprender es una palabra que remite a la razón… ¿Se puede comprender Auschwitz?

 

Comprender apela a la razón pero también a la emoción. Comprender significa en latín “llevarse consigo”; yo no razoné, una se lo lleva consigo, y lo que vi… la memoria de los muertos reclama quedarse, es necesario compartirla, comprender, reclama empatía, sufrir con las víctimas.

 

¿Se documentó de algún modo?

 

No. Si hubiera escrito una novela lo hubiera hecho, pero yo quería expresar lo que había visto y me puse a escribir sin más. El poema era una forma más emotiva que la novela.

 

La voz poética que usted emplea es una voz que se dirige a usted misma; es como un monólogo interior, una voz que reflexiona…

 

Exactamente, porque es un “tú”, es un diálogo conmigo misma, como un “yo” en segunda persona. El “tú” permite más distancia y facilita este monólogo interior.

 

¿Y este monólogo la ha ayudado a comprender mejor, al tratarse de una reflexión?

 

Sí, pienso que el “tú” es más amplio que el “yo”, permite observarse a más distancia.

 

Usted ha escrito muchos poemarios. ¿Escribir sobre el holocausto exige otro tipo de escritura?

 

Cada libro reclama su propia forma, la forma que elegí para este poemario –una forma que nunca había explorado porque se trata de un largo poema único- tiene algo de texto teatral: había dos personajes, una mujer, un niño; y encontré las palabras, empezaron a fluir; la forma se me presentó así. Y, como usted dice, vino como un monólogo interior –el monólogo interior también puede darse en poesía-, el tema exigía esta forma.

 

¿Piensa que escribir sobre el holocausto exige una cierta posición ética? Si es así, ¿cómo afecta ello la escritura?

 

Es una buena pregunta. Yo creo que este tema reclama una posición ética, la ética afecta a la escritura en general. No se puede escribir sobre este tema a partir de la indiferencia, se necesita humildad, emoción. Hay que escribir desde la proximidad.

 

En Internet hay un vídeo protagonizado por descendientes de un superviviente de un campo de exterminio que bailan “alegremente” para transmitir aquel horror. Resulta muy chocante…

 

Otra buena pregunta, las que usted hace son preguntas que afectan a la poesía. Sí, también aquella película, La vita e bella, que yo no he visto, no la quise ver… hay gente a quien le gustó y otros la encuentran horrible. Hay maneras muy diversas de acercarse al tema. Pero un tema como éste… yo elegí la compasión, el dolor, sí, el dolor, la emoción.

 

Se ha hablado a menudo de la imposibilidad de representar el horror… ¿Está usted de acuerdo?

 

Probablemente. Yo he querido evitar hacer una caricatura, cualquier cosa que pudiera parecer comercial. Al cine de ahora le gusta mucho el horror. La poesía es especialmente interesante precisamente porque las imágenes poéticas permiten una gran liberación, no se puede presentar el horror directamente, sería como describir la tortura; por esto encuentro la poesía más interesante que la novela.

 

¿Piensa que hay algún modo de representación del horror que debiera estar prohibido?

 

Bueno, es una cuestión ética. Yo estoy en contra de mostrar el sufrimiento de la gente. Se trata de comprender mejor el dolor del otro, de imaginarlo. Creo que tiene usted toda la razón cuando habla de posición ética en sus preguntas; me hace preguntas muy acertadas, son importantes; las preguntas nos hacen reflexionar.

 

¿Piensa que una aproximación sugerente, insinuante, es la más adecuada para representar el horror y transmitirlo?

 

Sí, es como representar una escena amorosa, no hay nada menos erótico que mostrarla directamente. Mostrarla no resulta interesante. En cambio la insinuación, el juego…

 

¿Qué características específicas debe tener la escritura del holocausto?

 

Creo que hay que escribir con cierta distancia respetuosa, con humildad, con respeto, y cada libro encuentra su propia economía, esto es lo interesante. Creo que es una escritura que exige delicadeza, sí, delicadeza, ternura, honradez y también amor; es la escritura de la mano tendida; reclama fraternidad.

 

Su poema no trata sólo de Auschwitz, también evoca otros horrores de la historia.

 

 Sí, también. La historia… mire lo que está pasando ahora, todos estos naufragios, tantas muertes de migrantes sin que nadie diga basta. Esto no está muy  lejos de Auschwitz, es muy parecido a una programación, ¿no? En Europa gana fuerza la extrema derecha, y mire ahora Trump en los Estados Unidos.

 

¿Estuvo en contacto con Lídia Anoll en el proceso de la traducción al catalán? ¿Qué problemas surgieron?

 

Sí, cuando es posible que autora y traductora estén en contacto es un privilegio. Sobre todo tuvimos problemas con algunas palabras que en catalán sonaban muy duras, como “aquest”, “aquesta”, “aquell”, así que hubo que buscar una traducción libre, y optamos por usar pronombres personales. También hay muchas referencias a proverbios como une hirondelle veut faire le printemps, no existe una traducción literal en catalán. Dimos mucha importancia al ritmo. No trabajamos regularmente, pero la traducción le llevó a Lídia dos años.

 

¿Trabaja actualmente en algún proyecto? ¿Tiene que ver con un tema parecido?

 

Sí, trabajo en una novela, pero no tiene nada que ver con el tema; también es un tema duro, trata de la relación madre-hija, una adolescente. Trata de la crueldad. Creo que tardaré unos dos años en acabarla. Se necesita tiempo para escribir.

 

 Muchas gracias por su poesía y por su tiempo.

 


Louise Dupré (Sherbrooke, Quebec, 1949) es una poeta, dramaturga, académica y ensayista considerada por la crítica especializada como una de las más importantes voces femeninas de la literatura contemporánea de su estado natal. Estudió en las universidades de Sherbrooke y de Montreal, donde en 1987 obtuvo un doctorado en Letras. En 1999 ingresó en la Academia de las Letras de Quebec y en la Asociación Real de Canadá en 2002


 

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